domingo, 18 de agosto de 2013

Capítulo 8: El fuego corre por las venas

Afortunadamente Cinozeo sobrevivió. La cocina contaba con alarma contra incendios y un bombero, justo a tiempo, apareció para rescatarle la vida. Luego del susto y del rescate, se aseguró en dejarle una buena propina por su labor.


Dukenzia y Delukenzo ya eran niños. Su padre citó al acostumbrado director del colegio privado y, tras una tradicional charla y cena, los chicos fueron ingresados sin problema alguno, como era de esperar.


A pesar de tan corta edad, los hermanitos Legacy demostraban interés hacia otras cosas. No eran niños tradicionales. El pasatiempo favorito de ambos era jugar gulf y les encantaba pasar las tardes juntos luego del colegio.

La familia fue testigo de la unión de Cinozeo y Alex. Una noche se casaron y, desde ahí, ambos hicieron historia como la primera pareja homosexual en casarse dentro de la familia.


La consentida de la casa ya no era muy 'niña'... ¡Habían crecido muy rápido! Dukenzia enamoraba sus pretendientes cantándoles en el Karaoke. Era una chica picarona y coqueta... Típico de las aspiraciones románticas.

Otro que crecía velozmente era Delukenzo. En una fiesta muy familiar pasó a la adolescencia. También con aspiraciones románticas, al igual que su hermana mayor.

Esa noche, para festejar que ya era adolescente, fue a una discoteca muy cercana a la casa, en compañía de su hermana. Pasaron un rato agradable donde la mayoría del tiempo bailaron el famoso 'disco loco'.

Delukenzo trató de pedir un trago en la barra, mientras maniobraba, conoció a una chica rubia de ojos azules que llamó su atención y quien rápido le tiró sus piropos... Jan Torrado.

Mientras él ligaba, su hermana también hacía de las suyas en la pista. Al parecer no era muy buena bailarina. Era un poco torpe a la hora de bailar. Eso incomodó mucho a una posible víctima.

Ambos hermanos disfrutaban enormemente compartir con sus respectivos amantes cada noche que podían. Se podía apreciar claramente en área del jacuzzi lo picarones que eran. ¡Los hermanos Legacy eran puro fuego!

Sus padres, Canóvano y Zoraida los consintieron demasiado, hasta el extremo de no poner peros cuando ambos declinaron ir a la Universidad. Ya estaban viejos y creyeron que hicieron todo lo posible por criar bien a sus hijos... Y ciertamente lo hicieron.

Cinozeo también llegó muy satisfecho a su etapa de anciano. Se encontraba felizmente casado y la diferencia de edad no importaba entre ellos.


Algún tiempo había pasado desde que Delukenzo había conocido a Jan. A veces se veían en el antro donde se conocieron y ella lo visitaba a la mansión. Para sorpresa de muchos, Jan era compañera de trabajo de Cinozeo. Todos en la casa quedaron encantados con ella, especialmente Adéhenes, quien quedó más que encantado...


Una muy buena fiesta de cumpleaños, con muchos invitados, pudo lograr Dukenzia antes de pasar a la adultez. Ya estaba preparada para enfrentar nuevos retos, una nueva etapa... Y con unas aspiraciones que prometían ser más candentes todavía.



Era una mujer sumamente hermosa e inteligente. Su sueño de toda la vida era el mismo que Alex: ser organizadora de fiestas profesionales. Tenía muchos amantes... Y no quería extender la familia... No quería tener hijos ni contraer matrimonio.


Como regalo de cumpleaños, su bisabuelo Adéhenes le regaló una villa en la Isla Takemizu. Allí partió con su hermano unos días para liberar tensiones y reflexionar sobre lo que querían hacer con sus vidas.

Un día antes de partir después de unas exquisitas vacaciones, Dukenzia había hecho amoríos con un lugareño. Se trataba de Constantino Gris. ¡Ella no perdía el tiempo en ningún lugar!



La atracción por las mujeres 'mayores' seguía en Delukenzo. Antes de regresar a Vista Encanto con su hermana, disfrutó de un relajante chapusón en un jacuzzi terapéutico cerca de la villa en compañía de chicas mayores que él.
Mientras los chicos regresaban a Vista Encanto, Adéhenes aprovechó para salir a cenar con Jan. Ella lo había cautivado completamente. Aunque Delukenzo tenía mucha atracción e interés en ella, Adéhenes entendió que su bisnieto era muy pequeño para ella y que quizás era uno de sus caprichos por las aspiraciones que tenía. Ambos brindaron por su amistad... Pero sentían algo más el uno por el otro...


Al otro día, Adéhenes recibió una llamada no muy agradable. Censodaín se comunicó para dejar saber que Berona y Orlando habían fallecido. Ambos estaban muy ancianos y les había llegado la hora de partir. No encontraba palabras ni expresiones. Estaba completamente anonadado. Ella era la única hija con vida que tenía.