De aquella cama, casi amarrado, despertó asustado y lo primero que sus ojos contemplaron fueron muchas luces altamente potentes. Su cuerpo reposaba en una camilla, estaba con moretones y cables de colores brillantes. Tan pronto se levantó, desconectó todo y salió corriendo de aquella habitación que solo había visto en las películas de ciencia ficción. Encontró cómo salir de aquel laboratorio y caminó muchos kilómetros lejos de aquel local, el cual no sabía cómo había llegado, pero sí recordaba su nombre: Adéhenes Legacy. Estaba agotado de la huida hasta que encontró un terreno gigantezco, que realmente era un vertedero antiguo y abandonado. Entendió que era el mejor lugar para esconderse.
Había mucha basura, pero eran muchos los hierbajos y plantas muertas. Trató como pudo de quitarlas antes de que se llenara de plagas. ¡No quería que su escondite se llenara de insectos raros ni poner su vida en riesgo!
Adéhenes se percató que el basurero donde se escondía quedaba cerca de la ciudad urbana. Al llegar allí, se metió al primer bar que encontró. Necesitaba algo de dinero. Habló con una de las barman y lo dejó hacer un turno. No ganó mucho, pero se ganó su simpatía.
Estaba sumamente exhausto. No quería seguir caminando ni corriendo, así que decidió tomar un taxi, aunque le costara medio turno. Adéhenes tenía buena memoria, se acordaba dónde quedaba su nuevo hogar.
Al día siguiente, muy curioso, volvió a la barra, pero esta vez luego de hacer un turno fue a jugar cartas con algunos clientes fieles.
Reunió todo el dinero que pudo trabajando en aquel bar de la ciudad urbana y luego contrató una asistenta por unos días para que le ayudara a limpiar su escondite. Ella era todo un amor con él.
Terminó los servicios con ella, y luego contrató a una jardinera muy guapa, Emilia Jurados, quien dejó el terreno como el jardín del olimpo. Le dejó buena paga.
Una noche, después de hacer un turno en la barra, trajo a "casa" a Raquel. Le había conseguido un trabajo como mezclador de semento en la fábrica de su tío. ¡Adéhenes estaba muy contento! Veía su futuro progresar.
Pasó el tiempo y aprendió a cómo construir sillas, camas, y hasta casas. Sabía mucho de este campo arquitectónico. Ahora tenía una cama donde descansar tranquilamente, hecha nada más por él.
Una tarde decidió invitar a comer a Emilia, aquella jardinera que lo deslumbró desde que pisó aquel vertedero. La pasaban muy bien. No llevaban mucho de conocerse, pero él creía que se estaba empezando a interesar... Y bastante. Pero no quería demostrarle mucho interés. Se sentía inseguro.
Emilia y Adéhenes se hicieron muy buenos amigos. Ella quedó impactada cuando su amigo le contó su historia de cómo escapó del laboratorio. Una tarde, le pidió que no lo dejara solo, pues temía que lo encontraran. Le pidió que se mudara al terreno. Ella aceptó y con los ingresos de ambos, pudieron construir una casa pequeña, pero decente.
Emilia dejó atrás la jardinería y consiguió un trabajo en un restaurante bastante prestigioso en la ciudad urbana. Por las noches se dedicaba a hacer inventos culinarios, especialmente caramelos.
Adéhenes quería decirle a Emilia cuánto le gustaba, hasta que se armó de fuerzas y se sinceró con ella. Pensó que lo rechazaría, pero le correspondió con un beso. Se sentía el hombre más feliz del mundo. Cuando estaban mejor económicamente, compró un anillo de compromiso. Quería unir más su vida con ella... Pero ella con él no.
A pesar de que Adéhenes tenía casa acogedora, buen trabajo y una mujer elegante, se sentía inseguro. Tenía un vacío, y era la imagen que llevaba. Decidió que no podía seguir con aquel aspecto desaliñado y cambió un poco su imagen. Ahora puede decir que se siente mucho más seguro que antes.
Después de superar complejos y llenar vacíos en su vida, Adéhenes se casó con Emilia. Entendía que era el momento perfecto para llevar una relación sólida y duradera. Se amaban y estaban ansiosos de tener hijos.















Que bueno que hayas comenzado. sigue así!! muy original lo del laboratorio.
ResponderEliminar¡Gracias, mi amor! Gracias por el apoyo.
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